
Para ello nos dirigimos hasta el vecino
Monte Corona, allí se da la abundancia de avellano, por lo que
podíamos recoger sólo lo que nos hiciese falta sin dañar el
entorno.
Así que una vez allí organizamos los
equipos para distribuir el trabajo, los chicos a cortar y las chicas
a cargar, más o menos.... La tala fue discriminada y aunque hubo
algún pequeño accidente, todos llegamos con los dedos intactos,
aunque con alguna que otra picadura.
El camión del ayuntamiento se encargó
de recoger los haces de varas y acercarlas hasta el Poblado.

Terminada esta labor, se pusieron a elaborar la estructura de la pared, que a través del entrelazado de avellano fueron poniendo por toda la pared, dando como resultado algo parecido a un cesto gigante.
El trabajo fue duro, ya que las varas no son tal moldeables como pueda parecer. Pero con mucho esfuerzo de Ángel, Guillermo y Pablo la cabaña fue cobrando el aspecto que vemos ahora, siempre siguiendo las técnicas que se usaban antaño.
A partir de ahora, todos los visitantes
del Poblado podrán ver de cerca cómo es una cabaña debajo del
barro que recubre las paredes.